Por Alvaro
24/03/2009
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En relación a la pareja existen ideas que pueden facilitarnos la
convivencia y otras que nos la pueden dificultar considerablemente.
Algunos conceptos que se transmiten sobre el amor y la pareja no son
excesivamente realistas y no nos preparan para afrontar de forma
adecuada los conflictos que puedan surgir en una relación.
En el presente artículo trataremos sobre un mito muy extendido entre la
población, y que causa muchas frustraciones: el mito de la 'Media
Naranja'. En este mito se asume que cada persona es una mitad de un
todo, no es un ser completo por sí mismo/a, sino sólo una parte que se
tiene que sumar a otra para formar un todo, siendo esa otra parte 'la
pareja ideal'. La media naranja, con la que se formará una naranja
completa.
Es una idea se transmite sobre todo a las mujeres, a las que con
frecuencia se les hace creer que existe una especie de príncipe azul,
alguien perfecto para ellas, que les ha deparado el destino y que,
tarde o temprano, encontrarán. Este mito transmite varias ideas muy
perjudiciales para las parejas de la vida real:
Da por supuesto que los seres humanos no somos un ente completo, sino
una mitad incompleta de algo, y solos o solas nuestra existencia tiene
menos sentido o menos valor. Es decir, la vida de un ser humano no
tiene sentido o valor por sí sola, sino encontrando a su mitad. Y
muchas personas sienten realmente que solas no valen tanto, y que tener
pareja da una especie de estatus (esto se transmite sobre todo a las
mujeres).
Pero lo cierto es que sólo las personas que saben ser felices con ellas
mismas, pueden compartir su felicidad con otro. La felicidad o la
satisfacción no es algo que nos aporte o nos dé una pareja. Es algo que
tienen las personas por sí solas y por ello pueden compartirlo con
otras. Independientemente de que una pareja pueda, efectivamente,
contribuir a aumentar una felicidad o bienestar que ya existía.
Además, habría que señalar que este mito parte de la base de que hay
alguien hecho a la medida de cada uno y de cada una, que encaja
perfectamente con nosotros (con nuestra forma de ser, de pensar, de
comportarnos, nuestros gustos, nuestros ideales...). Por lo tanto, en
el amor el único esfuerzo que se requiere es el de encontrar a nuestra
mitad. La mayoría de los cuentos infantiles, por ejemplo, reflejan este
mito y sitúan todas las dificultades y los problemas en ese proceso de
búsqueda y establecimiento de la relación de pareja. Y lo demás, ya se
sabe, es “ser felices y comer perdices”.
Se supone que una vez encontrada la pareja, y fijada su unión, no es
necesario hacer ningún esfuerzo por mejorar la relación o mantenerla,
por cuidarla a diario, por prestarle atención y dedicación, por
negociar y entenderse. Se supone que no será necesario hacer frente a
ningún tipo de frustración o desencuentro, ya que esta persona encajará
perfectamente con nosotros en todo.
Puesto que cada persona es una media naranja de otra, si dos personas
que son pareja discuten o tienen problemas, según este mito se debería
a que no están con la mitad adecuada. Las mitades adecuadas no tienen
problemas (no es el hombre o la mujer de su vida). Por tanto, se da por
supuesto que es el destino, y no el esfuerzo de los miembros de la
pareja, lo que inicia y mantiene el amor, y lo que hace que la relación
siga viva y en armonía.
Las personas que creen en este tipo de pareja suelen tolerar muy mal
las diferencias individuales, interpretándolas como una falta de amor,
o incluso como un ataque personal de su pareja hacia ella/él. Cuando se
detectan diferencias individuales (por ejemplo, a ella le gusta el
deporte y a él no), se interpretan como signos de que la otra persona
no es la media naranja verdadera. No es el hombre o la mujer ideal.
Las personas que mantienen este ideal de pareja con frecuencia desean
hacer todas las actividades junto a su pareja, desean que todos sus
amigos/as sean comunes, que sus gustos y aficiones sean las mismas,
pasar todo el tiempo posible junto a la otra persona... en definitiva,
que ya no haya vida individual para cada uno de ellos, puesto que son
pareja. En estas personas son frecuentes las afirmaciones del tipo: “Si
no viene mi pareja, no me lo paso bien”.
Estas creencias tipo media naranja son las causantes de los juegos del
tipo “adivina lo que pienso”, “adivina lo que me hiciste”, o “adivina
lo que necesito”, de forma que comunicar gustos o preferencias se
vuelve complicado, fastidioso o problemático.
En terapia las personas con este modelo de pareja suelen utilizar
frases del tipo “si me quisiera de verdad, sabría lo que me gusta”, “si
de verdad me amara, se fijaría más y no sería necesario que yo se lo
pidiera”, “no entiendo cómo no se da cuenta, me parece increíble que
tenga que explicarle que no me gusta que haga esto”, “creo que si
tuviera un poco de interés se pondría en mi lugar, y no sería necesario
que yo le explicara”.
Y, de hecho, muchas de las personas que mantienen estas creencias son
auténticos expertos en “leer el pensamiento” de su compañero o
compañera (tratar de adivinar sin comunicarse con palabras las cosas).
Pero también es posible que uno de los dos no tenga excesivo acierto a
la hora de adivinar el pensamiento de la otra persona, y entonces
surgen las discusiones.
Lo cierto es que todas las personas, hombres y mujeres, tienen su parte
de “príncipe” y su parte de “sapo”. No existen las parejas ideales,
sino que existen parejas formadas por personas con más características
en común, y que además negocian y se comunican de forma efectiva, de
cara a complacerse mutuamente, y a resolver problemas o dificultades
que puedan surgir.
*María Victoria Ramírez es psicóloga y sexóloga.
*Articulo visto en la web "El Confidencial"
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